• Senpai yKohai

Puente VXI-A

Las calles rugían con el bullicio habitual del viernes a medianoche: los motores de los transportadores, las voces del gentío, la música a todo volumen que salía de los bares… Y, sin embargo, Luna no oía nada. O sí lo oía, pero no lo procesaba. Desde que tomó la decisión le había envuelto una sensación de calma y alivio, y el alboroto de la ciudad no podía arrebatársela.

Luna era consciente de eso y, por primera vez en mucho tiempo, estaba disfrutando del simple placer de los acelerones al girar el puño del manillar y recorrer el centro de la ciudad, por el lado de la bahía, sin un rumbo fijo.

«Me vendría bien una copa», pensó. Aparcó la moto frente a la primera coctelería que vio, y entró. No había mucha gente, y la música hacía cambiar ligeramente la iluminación del local en cada beat. Luna se sentó en uno de los taburetes de la barra, que estaba vacía.

—¡Hola! ¿Qué te pongo? —preguntó la camarera con una sonrisa.

—¿Qué me recomiendas? —A Luna no le apetecía tener que tomar más decisiones aquel día.

—¿Gin-tonic?

Luna asintió y la joven camarera se dispuso a preparar su copa. Era meticulosa, precisa, extremadamente pulcra y ni se inmutó a la hora de hacer malabares con la botella.

—Se te da bien esto —dijo Luna cuando le sirvió su copa.

—Claro, soy una IA. Se me da bien todo… Bueno, casi todo.

—¿Una IA sirviendo copas?

Aquello era muy raro. La mayoría de IAs optaba por trabajos donde se requería tomar decisiones basándose en una infinidad de datos, o donde se necesitaba una precisión sobrehumana. La mayoría eran cirujanas, o traders de bolsa, o asesoras en consejos de administración; y a algunas les daba por hacer arte. ¿Pero IAs camareras?

—¿Por qué no? —La joven se encogió de hombros. —Me permite hablar con mucha gente, y es otra manera de ayudar. Venga, prueba el gin-tonic.

—Está perfecto —dijo Luna tras dar un sorbo. Y era verdad: humana o no, sabía preparar copas.

—¿Y no prefieres la compañía de otras IAs?

—Para un rato está bien, pero vosotros sois más… interesantes. Para tener tan pocas conexiones neuronales, no te ofendas, tenéis emociones muy complejas.

—Pero las IAs también tenéis emociones y sentimientos, ¿no? O eso he visto en los clips…

—Sí, claro; tu cóctel, por ejemplo, lo he preparado con cariño —Le guiñó un ojo—. Pero nuestros sentimientos son coherentes, y los podemos identificar uno por uno, darles nombre… Los vuestros son un amasijo de emociones comprimidas todas juntas como una granada a punto de explotar.

Luna, desde luego, llevaba mucho tiempo sintiéndose así, hasta esta noche… Apuró con algo de pena la copa, y pidió la cuenta. Sacó su comunicador para pagar, e introdujo una dirección en la aplicación de rutas mientras el cobro se procesaba.

Se puso la chaqueta y, antes de poder levantarse, una mano férrea la sujetó.

—No vayas al Puente XVI-A.

—¿Qué? —se sorprendió. «¿Cómo demonios…? Vale es un sitio común para que la gente se… Pero…».

—Lo siento, tenía una intuición y he interceptado el tráfico de datos de tu comunicador.

Luna calló, aquello le había cogido totalmente desprevenida.

—Venga, siéntate, y te pongo otra. Te invito yo.

(El relato pertenece a Belén Albeza, la podéis encontrar en twitter aquí: @ladybenko)



73 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

El cielo se tiñó de sangre cuando se escuchó el último de los suspiros en el mundo. No venía de una boca con aire en los pulmones, sino de la expiración de un alma ya caduca atrapada en un cementerio